5.2.08

La cacería



- Está bien, ya hemos llegado.

El jeep se detuvo a la sombra de un pequeño baobabe. Del él descendieron cuatro hombres. Tres eran adultos de raza negra; El cuarto era un individuo de raza blanca, viejo, bajito, delgado, calvo y con un mostacho abundante que casi impedía que se le viera vocalizar las palabras que pronunciaba.

-- Espero que esto valga los 30 mil que te he pagado, Zumbi.

- Eso depende de usted, señor Fowks. Usted quería participar en un safari y yo he conseguido que nos permitan entrar en la reserva. Recuerde que sólo tiene permiso para abatir una pieza, y ha de ser macho. Los guardas lo tendrían francamente difícil para explicar la pérdida de una hembra.

- Lo sé, lo sé... ¿Dónde cojones está mi alfombra?

- ¿No me había dicho que tenía usted experiencia en la caza en espacios abiertos, señor Fowks? Debe de estar muy cansado para no haberse fijado en el grupo que hay junto a aquella roca puntiaguda, hacia el oeste.

-¿Qué? - cogió los prismáticos y enfocó en la dirección que le señalaba Zumbi - Ah, sí. Ya los veo.

A lo lejos, el rumor de un motor se aproximaba rápidamente, dejando una columna de polvo tras de sí. Fowks apartó la vista de su presa para tratar de identificar el vehículo.

- ¿Quiénes son esos tipos, Zumbi?

- Me temo que no es usted el único que se puede permitir sobornar a los guardas del parque, señor Fowks. Será mejor que se dé prisa si quiere quedarse con el macho de esa manada. Podemos tardar horas en volver a encontrar otro.

- Je, je... Tienes razón.

Fowks abrió la puerta trasera del jeep y extrajo una maleta mediana de color plateada. De dentro sacó un fusil de largo alcance al que aplicó una mira telescópica exageradamente grande. Caminó hasta hallar una roca que le sirviera de soporte y se apostó tras ella para apuntar a su objetivo. Un león escuálido yacía a la sombra de la roca junto a dos leonas bastante más fornidas y un cachorro juguetón que no cesaba de corretear entre las hembras.

- No va a haber mucha carne que despegar de esa piel. Pero en fin, supongo que son tiempos difíciles para todos.

El disparo se propagó como un trueno por toda la llanura, provocando que muchas aves alzaran el vuelo mientras huían asustadas. El ruido también ahuyentó rápidamente a una de las leonas que, tras agarrar al cachorro con las fauces, comenzó su fugaz carrera hacía la salvación. La otra leona, paralizada, contemplo el cadáver de su compañero con el pelo erizado, en posición de alerta. Cuando el tirador salió de detrás de la roca pareció comprender lo que sucedía, y siguió a su compañera a la búsqueda de un lugar seguro.

- ¡Cómo corren, las hijas de puta!

En ese preciso instante se detuvo junto a ellos el vehículo que se había estado aproximando. De él descendieron dos personas más. Uno de ellos también era un negro que parecía hacer de guía al otro, que en este caso resultó ser una mujer alta, esbelta. Un pañuelo rojo cubría la rubia cabellera, mientras que unas inmensas gafas de sol casi ocultaban por completo su delgado rostro.

- ¡Lo siento, señorita! - exclamó Fowks, risueño- Pero ese de ahí ya es mío.

La mujer esbozó media sonrisa.

- No se enfade. Si quiere puedo invitarla a cenar en el hotel en que me alojo - Fowks enfundó su arma de nuevo en la maleta- Cocinan unos platos que ni sabía que existían. Los bichos de por aquí dan mucho juego... ¡Y mucho jugo!

No parecía que a la extraña le sedujeran las simpáticas risotadas de Fowks. Le ignoró y comentó algo con su acompañante. Zumbi se acercó a ambos y les dijo un par de frases en un idioma que Fowks no comprendía.

-Bueno, si no le importa, voy a por mi premio.

Dejó el maletín en el jeep y fue caminando con gesto triunfal hacia su pieza. Al llegar, sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón y se secó el sudor de la frente. Luego pateó lévemente la cabeza del felino para asegurarse de que estaba completamente muerto. Parecía que no, puesto que el animal, moribundo, aún levantaba el polvo del suelo con su débil aliento.

- Me vas a hacer volver a por el rifle, cabroncete.- contempló el pelaje del animal, deleitándose especialmente con la melena- Le vas a encantar a Cathy.

Un silencioso silbido recorrió el aire. Fowks cayó de bruces al suelo, quedando su cara a escasos centímetros de la cabeza del león. Algo le había picado en el cuello. Algo grande, a juzgar por la cantidad de sangre que le brotaba de un agujero que le había aparecido justo al lado de la nuez. A penas tuvo tiempo de llevarse las manos al cuello. Se vió reflejado en los ojos del león, con el que compartió el cálido aliento durante unos breves segundos. Luego el frío, y la nada.

La mujer bajó el rifle de su hombro y contempló su obra. Con la melena libre al viento y sin las enormes gafas, su aspecto era de una fiereza inusitada. Miró a Zumbi.

- Los mejores 60 mil que he gastado en mi vida.


P.S: vómito propiciado tras una mala digestión de Los leones de Bagdad, novela gráfica publicada por Vertigo, basada en aquella historia que se hizo famosa durante el bombardeo de Bagdad por parte de la USAF. Las bombas reventaron las instalaciones del zoológico y algunos animales vagaron durante horas en libertad por las ruinas de la ciudad.

El cómic está bastante bien. No mata pero tiene sus momentos. El dibujo recuerda muchísimo a los diseños que se usaron para El Rey Leon de Disney, lo cual no es malo, y la presentación parece mucho más propia de Image (dibujos muy grandes a doble página y tal) que no de la línea Vertigo. El guión se hace un poco la picha un lío al intentar dotar de características humanas a los animales mientras se trata de respetar su naturaleza instintiva. Yo no lo compraría, pero sí le echaría un vistazo.

2 comentaris:

Jordi ha dit...

Liberación animal o....liberación femenina!!! Hahahaha, és un conte molt a lo Twilight Zone!

23 ha dit...

Está guapo tío.

Es en plan TOMA CABRÓN!!! xD Y el cómic ni idea, pero vaya, que sí, es del palo Véritgo.

¿Lo paseas por el pH o qué?